Las señales de radio perdidas rara vez son tan misteriosas como parecen al principio. Interferencias eléctricas, aparatos antiguos, tecnología cercana y clima pueden producir ruidos que suenan casi intencionados.
Aun así, esos momentos tienen atractivo. Un sonido aparece, vuelve a desaparecer y no deja una huella sencilla. De ahí nacen relatos sobre emisores, signos y mensajes supuestamente recibidos por casualidad.
Quien tome en serio estas observaciones debería revisarlas técnicamente: frecuencia, hora, aparato, lugar y posibilidad de repetición. Sin esos datos solo queda una impresión.
Eso no vuelve inútiles las historias. Muestran lo delgada que puede ser la frontera entre técnica e interpretación.



