Los espacios subterráneos generan rumores porque son visibles e invisibles a la vez. Caminamos a diario sobre ellos, vemos respiraderos, pozos o puertas cerradas y notamos que la ciudad tiene más capas de las que muestra el plano.

En Düsseldorf, estas historias suelen contarse a lo largo de antiguos ejes de tráfico. Eso no significa que detrás de cada puerta haya un secreto. Sí muestra que la infraestructura forma en la memoria de la ciudad un segundo relato, menos oficial.

Muchos túneles son simplemente servicios técnicos, almacenes antiguos o pasillos de conexión olvidados. Aun así, merece la pena mirar, porque las descripciones oficiales suelen ser abreviadas. Lo que ya no se usa desaparece pronto de la percepción pública.

La pregunta seria no es: qué se esconde. Es más bien: qué espacios están documentados, cuáles solo se insinúan y cuáles existen sobre todo como relato.